jueves, 29 de abril de 2010

ESTAN INVITADOS. NO DEJEN DE IR.

Al ver nuestra ingeniería,
Me dan ganas de llorar,
Igual que la economía,
Hoy no puede despegar,
En la UAQ en este día,
De eso y más vamos a hablar.

Hoy 30 de abril, presentaré en el Auditorio de la Facultad de Ingeniería de la UAQ una semblanza de la ingeniería en el marco de los centenarios y bicentenarios.
Acepté la invitación, para aprovechar estas fechas, no para festejar sino para recordar la historia y replantear los pendientes, que son muchos. Nuestra ingeniería por ejemplo, está hoy en situación similar a la que tuvo durante la dictadura porfirista, en la que todas las obras importantes se otorgaban en concesión a empresas extranjeras, pero ahora con el agravante de que nuestra ingeniería ya había alcanzado alto nivel de desarrollo, competitividad e independencia tecnológica.

En la época de la Colonia, las obras prioritarias eran las que les facilitaran la sobre explotación y el saqueo del oro y la plata de nuestras minas. En el México independiente y con el apogeo de los ferrocarriles, Santana, Juárez y Lerdo de Tejada construyeron los primeros tramos, luego, Díaz quería seguir la tendencia de apoyar a empresas mexicanas, pero no aguantó la presión de grupos norteamericanos y les concesionó las líneas México-Cd Juárez y México-Nuevo Laredo y luego muchas más, la gran mayoría hacia fronteras y puertos para favorecer la exportación de materias primas y la importación de productos terminados, igual que en La Colonia.

Luego vino la Revolución y su espíritu nacionalista. En 1910 la Real y Pontificia Universidad de México (1553) se transformó en Universidad Nacional y absorbió a la Escuela de Ingenieros y logró su autonomía en 1933. Se crearon la Comisión Nacional de Caminos y la Comisión Nacional de Irrigación, la CFE, se expropiaron los ferrocarriles y la industria petrolera y los ingenieros mexicanos alcanzaron gran experiencia. Empresas norteamericanas hicieron las 3 primeras grandes presas, con participación relevante de ingenieros mexicanos, por lo que para las siguientes ya sólo se conservó a algunos asesores extranjeros hasta que se logró total autonomía.

Después de la segunda guerra mundial y bajo el modelo de economía mixta, el control de las obras públicas y su financiamiento lo mantuvo el gobierno, pero la ejecución correspondió a pequeñas, medianas y grandes empresas de capital privado y social, las que recibían anticipos y pagos por avances de obra. Se construyeron caminos con criterio de integración nacional, escuelas, hospitales, vialidades urbanas, autopistas, aeropuertos y puertos, se electrificó la mayor parte del país, se construyeron refinerías y plantas petroquímicas para darle valor agregado al crudo y disponer de gasolina, fertilizantes y otros productos necesarios. Nuestra industria de la construcción alcanzó reconocimiento e incluso participaba y ganaba concursos internacionales de obra.

A mediados de los 80’s y con la entrada a la globalización, dentro de muchas medidas que han sido nefastas, se modificó el criterio de asignación de grandes contratos de obra, sustituyendo calidad y precio por disponibilidad de recursos. Quien ganara no recibiría ni anticipo ni pago de avances de obra, sino el pago hasta que ya estuviera operando. Más del 80% de los contratos están en manos de empresas extranjeras.

Ahora el país exporta petróleo crudo (bien no renovable) e importa gasolinas, productos petroquímicos y alimentos, generando riqueza y empleo en otros países y no aquí. Las grandes obras son para los extranjeros y mientras nuestras empresas cierran y nuestros ingenieros están sin empleo. Los egresados de universidades, sobre todo de las públicas, debemos luchar por una ingeniería nacionalista, eficiente y competitiva, que sea pilar de un desarrollo sostenido, sustentable y con justicia social.

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